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Castillo de Sigüenza

EL CASTILLO DE SIGÜENZA
D. Juan Antonio Martínez Gómez-Gordo
(Cronista Oficial de la Ciudad de Sigüenza)

Castillo de SigüenzaEn el fatidico 713, con la invasión de las mesnadas de Tarik, a su paso hacia Zaragoza, se impone a la ciudad súbitos tributes y la sujetó a la odiosa capitulación personal en noche tenebrosa de más de 400 años, convirtiendo a la ciudad en una Medina, cuya importancia estratégica fue decayendo hasta el punto de su casi total olvido en la historia de España, reduciéndola a simple villorrio dependiente de la nueva Medinaceli, punto árabe estratégico que recibió toda su atención en esta región central de la Marca Media. Tan solo ante el avance de los reyes castellanos, finalizando el siglo IX se erigió en este cerro de vigía del valle una Alcazaba, su actual castillo, cuyo perímetro original desconocemos dadas las diversas obras ejecutadas en siglos posteriores; el cual, con toda certeza histórica, es el monumento arquitectónico mas antiguo de la ciudad. Asi, durante la dilatada dominación musulmana, defendida por muy corta guarnición, y rodeada también de los judíos, sus indudables aliados, la Alcazaba y su arrabal configuraban una población dependiente de Medinaceli, distanciada de la Medina baja o de Santa Maria habitada por los siervos mozárabes, que vivieron en torno a su basílica visigótica manteniendo su fe cristiana con la esperanza nunca fenecida de su liberación; una población que fue disminuyendo ostensiblemente ya fuese por las reiteradas y pasajeras reconquistas o por emigraciones hacia tierras cristianas. Esta separación de asentamientos se mantuvo durante algunos siglos, como ahora veremos.

DON BERNARDO DE AGEN
La reconquista definitiva del Castillo de Sigiienza, que esporádicamente ya se había realizado por reyes castellanos se debió al ímpetu guerrero del obispo D, Bernardo de Agen, aquitano —cuando la Aquitania. hoy francesa, pertenecía al Reino de Aragón—, quien había sido promovido a obispo para la mitra seguntina en poder sarraceno dos años antes de su gesta guerrera. D. Bernardo había sido uno mas de los monjes cluniacenses —aquitanos, que no Franceses— que se trajo el aquitano D. Bernardo de Seridac, Arzobispo de Toledo, que lo nombro Canónigo Chantre de su Cabildo. Nuestro obispo D. Bernardo había sido también, el año anterior a la conquista de Siguenza, capellán y cancelario del Rey Alfonso VII, como Rey de Castilla, y había acompañado al Rey Alfonso VI en la conquista de Guadalajara en 1085, al tiempo que se apodero de Berlanga, Medinaceli y Sigüenza —ciudades que muy pronto fueron de nuevo conquistadas por los almorávides—, y de igual modo acompañó en los primeros días de 1124 al rey aragonés Alfonso El Batallador, que había casado en 1109 con Doña Urraca, reina de Castilla y León, hija de Alfonso VI y viuda dos años antes de Raimundo de Borgoña. Ello nos da idea, aunque sea somera, de la importancia personal de nuestro primer obispo después de la Reconquista que gozo de la estimación real y la de los Pontífices, como el Papa Inocencio II. Fue por tanto D. Bernardo un valiente batallador, que durante sus treinta años de prelacía peleó contra el Islam hasta su muerte en la batalla orillas del Tajo.


Castillo de Sigüenza

RECONQUISTA DEL CASTILLO A LOS MUSULMANES
Cuenta la tradición que la Reconquista y toma del Castillo ocurrió el 22 de Enero de 1124, por tropas capitaneadas por el prelado D. Bernardo. Era por tanto la tercera vez que don Bernardo conquistaba su castillo. Él, merced a sus méritos personales y a los de sus monjes guerreros que le acompañaban, con los cuales formo su Cabildo, logró que Doña Urraca y su hijo Alfonso VII, El Emperador, le concediesen el Señorío de Sigüenza para el y su Cabildo a la semana de la toma de la ciudad y su castillo. Doña Urraca le concedió además la décima parte de todos los quintos y de todas las alcabalas y portazgos de Atienza y Medinaceli, y meses mas tarde, su hijo le ratifica estos dones, agregándole los de Santiuste, así como las aldeas de estas tres poblaciones para reedificación de la iglesia y sustento de don Bernardo. Debemos entender que re edificó la basílica visigoda de la Sigüenza inferior, la cual fortificó con dobles muros y torreón defensivo, según la tesis de Martínez Taboada. Veinte anos después de la restauración de la sede episcopal, había renacido en torno a la iglesia de Santa Maria Antiquísima una población merced a la ayuda real expresada en sucesivos permisos para atraer hacia ella los nuevos pobladores; y en la Sigüenza superior o vetus, en torno a sus dos iglesias, con la concesión por parte del Concejo de Medinaceli de cuarenta pobladores más, y se incrementa ostensiblemente la población, al tiempo que el rey Alfonso VII dona a don Bernardo la posesión del Castillo y la Sigiienza superior a cambio de Caracena y Alcubillas, propiedad del Obispo, y autoriza venir a Sigüenza matrimonios sin heredad que quisieran hacerlo; y en 1146 le concede el Señorío sobre ambas poblaciones, ordenando que estén bajo la misma jurisdicción y con el mismo Concejo.
Falleció nuestro obispo-guerrero D. Bernardo luchando contra en Islam a orillas del Tajo en 1152, a los treinta años de su prelacía. Tenía a los musulmanes vecinos de su Señorío y tuvo que luchar incesantemente contra los que le atacaban reiteradas veces desde las serranías molinesas. Si pensó, o no, en la posibilidad de construir una catedral y ampliar la alcazaba, lo ignoramos; serían empresas que iniciaría su sobrino y sucesor en la prelacía seguntina, que había sido su prior en el Cabildo seguntino, D. Pedro de Leucata (1152-1156), y otro obispo también aquitano, sucesor de don Pedro, D. Cerebruno (1156-1166) —el ayo del "Rey niño", futuro Alfonso VIII—. Fue D. Cerebruno Primado de las Españas como Cardenal de Toledo. Ambos se encargarían de iniciar con entusiasmo la gran obra de erigir la catedral, aparte de la restauración y reforma del Castillo y la ampliación y fortificación de la nueva urbe que surgía a su amparo, con el trazado de una muralla, edificando D. Cerebruno dos iglesias románicas: la de Santiago apóstol y la de San Vicente mártir, que andando los siglos serian restauradas y ampliadas.
Siguieron los obispos seguntinos aposentados junto a su Cabildo regular durante más de un siglo, como lo había hecho don Bernardo, ya sea en Santa Maria Antiquísima, o posteriormente en las dependencias de la catedral, antes de ocupar las dependencias de la Fortaleza o Castillo.

LUCHA ENTRE CRISTIANOS
Rechazadas ya las huestes musulmanas mas alla del Tajo, mereció Sigiienza del disfrute de una larga paz bien ganada; pero en los turbulentos años finales del siglo XIII, las luchas fratricidas por la corona de Castilla, entre el Infante D. Alfonso de la Cerda y el rey Fernando IV vinieron a turbarla con un asalto inesperado a la Fortaleza de Sigüenza ocupada por el Obispo D. García (1288-1299) —a quien se debe la elevación de las bóvedas del Crucero de la Catedral—, quien dormía apaciblemente. Nuestro Obispo era partidario del joven rey Fernando El Emplazado, hijo de Sancho V El Bravo, que contaba 9 años, cuando un grupo de caballeros trujillanos, vasallos de Juan Nuñez de Lara, partidario del Infante D. Alfonso de la Cerda, pretendiente al trono, se apoderaron por sorpresa del Castillo mediante soborno, y al ser sorprendidos por otro centinela y dar gritos de alarma, el Obispo, ya anciano, que oyó griterío creyó que el Alcázar estaba tomado por los de la Cerda, el Obispo despertó a las voces que daba e salió fuera del corral é vio como era tomada la Fortaleza é que non podía y fincar, salió por la puerta del Alcázar fuera para la villa; cuando lo oyeron (los seguntinos) fueron muchos espantados, é ayunaronse luego todos é tomaron una cuba vacía e llevaron ante si fasta que llegaron a la puerta del Alcázar e pusieron y muchos tosinos dentro é dieron fuego, con intención de penetrar en el castillo. Fuese cierto o no, los trujillanos, que eran medio centenar, a falta de agua —porque se les cayo el cubo al fondo del pozo—, tomaron una cuba creyendo que era de vino y era vinagre, y el fuego se reavivó más, porque el vinagre ha esa natura. Lo cierto es que, en la misma noche, por donde entraron se fueron tras de atracarse con las viandas y vinos allí almacenados, mientras el otro medio centenar de asaltantes a caballo se quedaron fuera sin cenar y hubieron de luchar contra los leales seguntinos que les atacaban a pedradas. Nuestro anciano Obispo, que en noche fría y en ropas menores había encontrado refugio en la Catedral, fue al día siguiente llevado con toda solemnidad y pompa a su Fortaleza por los seguntinos.

NUEVAS DEFENSAS PARA EL CASTILLOCastillo de Sigüenza
Fuese por haber quedado bastante deterioradas las defensas y la puerta principal quemada o ya fuese por mejorarlas, el Obispo que sucedió a don García, D. Simón Girón de Cisneros (1316-1327), no solo reconstruyó las dos pequeñas torres que dan al campo por el lienzo de Poniente, sino que erigió además las dos Torres gemelas que flanquean la entrada que hoy da paso al Parador —en cuyo arco apuntado se aprecia el escudo ajedrezado de los Cisneros—, defendíendola diendola con matacanes en ambas torres y un almenado adarve; torres que, para protegerlas de las inclemencias de los tiempos, fueron coronadas años atrás por un antiestético tejadillo, así como adornado el conjunto con una espadaña, todo ello retirado en la pasada reconstrucción.Castillo de Sigüenza Hemos de destacar la importancia de este Obispo de alta prosapia por su parentesco con Doña María de Molina Reina de Castilla; Obispo que supo rodearse de familiares influyentes en el Cabildo también de elevada prosapia -seis canónigos y un beneficiado- llegando a ser Cardenal Mayor del Reino. y por cierto como los profesores Saez y Tranchs nos demuestran, fue tío del celebre Arcipreste de Hita. En sus once años de prelacía, aparte de poner fin a los disturbios de Castilla entre el rey D. Fernando y los Infantes de la Cerda, erigió la torre sur de la catedral (Torre de la Campanas); amplio la ciudad hasta la nueva muralla de la calle del Hospital; dono el Arca de plata que atesora las reliquias o "cuerpo" de Santa Librada, y forro de plata la imagen de Ntra. Sra. La Mayor, méritos suficientes para ser enterrado en el Coro de la catedral.

Dñª BLANCA DE BORBON, LA PRISIONERA DEL CASTILLO

Rober