Obispos de la Ciudad de Sigüenza
D. Simón Girón de Cisneros (1301 - 1326)
Texto recogido del libro "VIII Centenario de la reconquista de Sigüenza "
Por el Presbítero, Julián Moreno; 1922

Fue también notable por sus virtudes, por su prosapia y altas prendas D. Simón de Cisneros, que entró a gobernar el Obispado de Sigüenza el año de 1300. Este Prelado cosiguió la segularización del Cabildo catedral, mediante bula del Papa Bonifacio VIII, que ejecutó juntamente con los Obispos de Cuenca y Calahorra, organizando y dando estatutos al nuevo Cabildo. El Papa se sirvió de él para la concordia entre el Rey D. Fernando y los Infantes de la Cerda a fin de poner termino a los disturbios de Castilla. Asistió al Concilio de Peñafiel y a las Cortes de Valladolid, convocadas en 1307. Litigó con la Infanta D.ª Blanca, señora de las Huelgas de Burgos e hija del Rey de Portugal D. Alfonso; hizo un ordenamiento sobre la traslación de dominio de propiedad. Su munificencia se mostró en las grandes mercedes que hizo al Cabildo.
Sabidas son las turbulencias que alteraron la tranquilidad del reino castellano en la menor edad de D. Alfonso XI, nacidas de la persistente ambición de los Infantes. La ilustre Reina abuela D.ª María de Molina, con la ayuda del Obispo D. Simón, trató de oponerse a las pretensiones de aquellos. A este propósito nos dice la Crónica de Alfonso onceno: «Que D.ª María logró conseguir que los Infantes D. Felipe y D. Juan, que el uno sin el otro non fuesen a la frontera et cuando obviese suma precisión de hacerlo, que fuesen amos a dos de consuno et que fuesen con voluntad et con mandado et con cartas de la Reina. Et desto ficieron grand jura, la qual jura les tomó D. Simón Obispo de Sigüenza, et las palabras de la jura fueron desta manera: Que juraban a Dios e a Sancta Maria que guardesen e cumpliesen esto de non facer ida a la frontera el uno sin el otro, et cualquiera que lo quebrantase que lo confundiese Dios en este mundo al cuerpo et en el otro al ánima a que le falleciese la fuerza e la palabra et el caballo et las armas et las espuelas et los vasallos en el tiempo cuando menester lo oviesen. Et amos respondieron Amen».
Recibió este Prelado la alta dignidad de Canciller Mayor del reino, honrosa distinción que bien merecía quien tanto hizo por el engrandecimiento y la tranquilidad de su Patria. Compro el Castillo y la aldea de Xuera (hoy Jubera), entonces habitada de árabes; mandó construir la puerta principal de la Fortaleza, y donó la preciosa arca chapeada de plata que guarda los venerados restos de Sta. Librada, Patrona de la ciudad y de la Diócesis. Murió tan insigne Prelado en 1326 y su cuerpo yace sepultado en el sitio que hoy ocupa el facistol grande del coro.