Obispos de la Ciudad de Sigüenza
D. Cerebruno (1156 - 1166)
Texto recogido del libro "VIII Centenario de la reconquista de Sigüenza "
Por el Presbítero, Julián Moreno; 1922

Obispo insigne que ocupó la Silla seguntina durante los años de 1156 a 1166.

Nació en Poitiers, ducado de Narbona, a principios del siglo XII. Varón de grandes actividades; a él se debió el principal impulso en las obras de la Catedral, que dejó casi terminada. Levantó las iglesias de San Vicente y Santiago, que todavía existen, con sus magníficas portadas, hermanas de la fachada principal de la Catedral; fortificó la ciudad y llevó otros trabajos para la población y ornato de la capital de su Diócesis.

En las turbulencias producidas en Castilla durante la menor edad del Rey Don Alfonso, hijo de Don Sancho, por las pderosas familias de los Castros y Laras, el Rey niño fue llevado ocultamente a San Esteban de Gormaz, de allí al Castillo de Atienza y, por último, a la ciudad de Ávila. Obligados los tutores del Rey niño a nombrarle un preceptor que le educase, eligieron a Don Cerebruno, como conocedores que eran de la sabiduría, prudencia y virtudes del Obispo seguntino.

Supo Don Alfonso VIII mostrar en todo tiemp su amor y gratitud a su maestro, a quien llama cariñosamente meo patrino, haciendole donación en 25 de octubre de 1166 de la villa de Beteta, añadiendo que así pagaba a la iglesia de Sigüenza los muchos daños que había sufrido por defenderle: pro damnis quae pro me Ecclesia Seguntina sustinuit, aludiendo con ellos a las luchas originadas por los bandos de Castros y Laras y principalmente al tomar D. Fernando, Rey de León, la villa de Atienza.

«Era D. Cerebruno hombre de vastos conocimientos, de exquisita prudencia y de tan intachable conducta, que, según González Dávila, se le tomó por santo, y si el discípulo aprovechado acredita al maestro, júzguese de aquel notabilísimo educador por lo que fue su alumno el Rey Alfonso VIII, uno de los más grandes Monarcas de Castilla, victorioso en Cuenca, vencido pero vencedor de si mismo en Alarcos, prodigiosamente triunfante en Las Navas de Tolosa; caballero siempre, siempre valeroso, siempre cristiano tan amate de la ilustración y de la ciencia que estableció los estudios de Uclés y fundó la Universidad de Palencia, la primera en nuestra España. Grande y natural fue el ascendiente del Obispo de Sigüenza sobre su regio discípulo, y respetable y respetada su influencia en la Corte; así es que al vacar la Achidiócesis de Toledo en 1166 por muerte de D. Juan, confiose tan alto cargo a D. Cerebruno, dignísimo por tantos títulos de ocupar la Primada».