El púlpito gótico del Cardenal Mendoza
Excmo. y Rvdmo. D. Juan José Asenjo Pelegrina Sr. Arzobispo coadjutor de Sevilla
Articulo publicado en la revista Abside nº 18 (Diciembre 1992)

Púlpito Cardenal Mendoza - Catedral de SigüenzaA raíz de la reforma litúrgica subsiguiente al Concilio Vaticano II muchas iglesias han visto desaparecer los viejos púlpitos o predicatorios que tenían por objeto favorecer la extensión de la voz del orador sagrado, permitiendo al mismo tiempo hacerle más visible a los ojos de los fieles. Simultáneamente ha surgido el ambón como propio para la proclamación de la Palabra de Dios y para la predicación al pueblo. En honor a la verdad hay que reconocer que han desaparecido aquellos púlpitos que carecían de valor artístico y rompían la armonía interior de la nave, mientras han permanecido los predicatorios con valores artísticos o históricos notables.

Entre ellos destacan por méritos propios los púlpitos del crucero de nuestra Catedral, tanto el gótico o de la Epístola, como el plateresco o del Evangelio, cincelado entre 1572-73 por el artista seguntino Martín de Vandoma y restaurado ejemplarmente después de la Guerra Civil por el escultor segoviano Florentino Trapero. Ambos pueden ser calificados -así lo hace Villamil- como dos joyas de la escultura española.

Regalo del Cardenal Mendoza a la Catedral
En esta breve nota de carácter descriptivo e histórico nos centramos exclusivamente en el púlpito de la Epístola. Es obra debida a la generosidad del Cardenal Mendoza, que tantas pruebas dio de amor a la Catedral de Sigüenza y sin cuya intervención el templo seguramente no sería lo que hoy es. La fecha de su ejecución hemos de situarla bien en 1494, bien en 1495, año de la muerte del Cardenal. Es seguro que inicialmente el mecenas encargó la obra al maestro Rodrigo Duque, también conocido como Rodrigo Alemán, gran escultor en madera, que había trabajado para Mendoza en el coro bajo de la catedral toledana.Púlpito Cardenal Mendoza - Catedral de Sigüenza

Lo cierto es que por las razones que fueren, el Cabildo cambió de opinión y prefirió erigir el púlpito en alabastro, encargándolo a otro maestro, razón por la cual Rodrigo Alemán escribe al Cabildo pidiendo una satisfacción económica en razón de los viajes que ha tenido que hacer y de no haberse comprometido con otras obras para satisfacer el encargo de Sigüenza, petición a la que la institución capitular accede en su sesión del último lunes de febrero de 1496.

Según opinión de Villamil, el actual púlpito de alabastro, probablemente de la zona de Cogolludo, es seguramente obra del maestro Gaspar, que también trabajó en el coro de la Catedral de Sigüenza y en los retablos de la Seo, de la iglesia de San Pablo y de la antigua capilla del palacio arzobispal de Zaragoza.

Breve descripción
La obra es de estilo gótico florido, emblemático en el reinado de los Reyes Católicos, por lo que se le conoce también como gótico isabelino. La altura total hasta el pasamanos es de 3,30 cms. Está emplazado en el pilar derecho, que abre la capilla mayor, sobre amplia base cuadrada adornada con baquetones en la que se asienta un fuste octogonal de 80 cms. de altura coronado por un bello capitel corintio de tema vegetal. Sobre él, y como ampliándolo, se sitúa un cuerpo cónico invertido adornado con un vástago ondulante del que surgen hojas rizadas, todo ello cincelado con gran maestría y sentido del movimiento. Esta parte inferior de la obra se remata con una cornisa vegetal sobre la que asienta la caja del predicatorio, un polígono de ocho lados, tres de los cuales no existen para formar la entrada.

Los cinco restantes forman los tableros del púlpito, separados por hermosos pináculos góticos. Cada una de las caras mide 1,05 cms. de altura por 46 cms. de anchura e incluye una hornacina cerrada por arco de medio punto sobre el que se superpone un arco florenzado de gran esbeltez y belleza.

La restauración de Trapero
Siendo bien conocida la ya aludida restauración del púlpito plateresco del Evangelio, obra de Martín de Vandoma, por el escultor Trapero lo es menos la de predicatorio objeto de esta nota, trabajo del mismo artista seguramente en el año 1946. En efecto, también el púlpito de la Epístola sufrió deterioros, aunque en menor medida que su par, como consecuencia de su colocación en el crucero y el hundimiento de la bóveda central de la Catedral entre los días 8 y 15 de octubre de 1936. Aparte de pequeños destrozos en la ase de la caja, debido a su vuelo, pereció la parte superior del primer tablero de la izquierda, que contiene el escudo del Cardenal, probablemente debido al impacto de un sillar de la bóveda. Como consecuencia, desaparecieron 20 cms. del pasamanos y el remate de la hornacina y su arco florenzado. La imagen femenina con corona de reina, situada en el segundo tablero, fue también derribada, sufriendo varios desperfectos. La desaparición de la cruz que originariamente portaba en la mano derecha es anterior a los hechos que estamos reseñando y sin cruz la conoció Villamil en los últimos años del siglo XIX.

El escultor Trapero atestigua en sus notas que en la restauración de este valioso púlpito puso «más de sesenta piezas de alabastro, que patiné a viejo por orden del arquitecto» (se refiere a Antonio Labrada). Digamos que la obra fue realizada con toda perfección y meticulosidad, si bien no se repuso la cruz mencionada de la mano derecha, seguramente porque tanto el restaurador como el arquitecto daban por buena la tesis de Villamil, que resumimos a continuación.

La tesis de Villamil: el púlpito de la Epístola, primer monumento al Descubrimiento de América
Púlpito Cardenal Mendoza - Catedral de SigüenzaNo pocos quebraderos de cabeza ocasionó al sabio Villamil en los últimos años del siglo XIX el estudio de la iconografía de cada una de las hornacinas del púlpito de la Epístola. El mismo lo confiesa en las páginas que le dedica en la magna obra sobre la Catedral de Sigüenza, todavía no superada en tantos aspectos y publicada en 1899. Pasando por alto los dos tableros laterales, que contienen sendos escudos del Cardenal Mendoza y demuestran obviamente su mecenazgo sobre el púlpito, se centra en el análisis de los tres tableros restantes. En el centro aparece la virgen de inequívoca tipología gótica, con el Niño en los brazos, teniendo como peana una barquilla en la que son fácilmente perceptibles los castillos de popa y proa. Ve Villamil en esta imagen una alusión a la Carabela Santa María, nave capitana de la epopeya de Colón.

En la hornacina de la izquierda aparece una imagen en la que esta representada una figura femenina con corona de reina y un libro abierto que sostiene con la mano izquierda, mientras en el tablero de la derecha se contempla un guerrero, vestido con armadura y manto pisando un dragón y al que según el autor citado le falta el cetro en la mano derecha. La lectura que Villamil hace de estos dos tableros enlaza con su propia hipótesis acerca del tablero central: si en éste ve él la Carabela Santa María, en los dos laterales encuentra las efigies de los Reyes Isabel y Fernando, los Reyes Católicos, sin cuyo apoyo y mecenazgo hubiera sido imposible el descubrimiento. Se funda, entre otras razones, en que ninguna de las figuras lleva atributo alguno de santidad. Asegura además que la figura femenina aparece como dictando leyes, apariencia que le cuadra a Isabel, reina de Castilla, mientras que el dragón a los pies del guerrero evoca las victorias del rey Fernando sobre Boabdil y expulsión definitiva de los moros de la península.

Para nuestro autor el púlpito seguntino es el primer y único monumento al Descubrimiento de América. Se admira de que esto sea así y él mismo busca como explicación los importantes acontecimientos acaecidos en el reinado de los Reyes Católicos, que oscurecieron y restaron importancia en principio a lo que de momento se consideraba como el simple descubrimiento de un nuevo camino hacia las indias. La transcendencia del hecho, sin embargo, no escapó a la fina intuición del Cardenal Mendoza, consejero de los Reyes y gran patrocinador de la empresa de Colón y él, que ya había ordenado esculpir en la sillería del coro de la catedral de Toledo la conquista de Granada, mando conmemorar la hazaña colombina en su iglesia de Sigüenza. Lógicamente Villamil pondera, no sólo el valor artístico del púlpito, sino también su valor histórico y lo califica como «reliquia, tal vez única de aquella inmortal empresa».Púlpito Cardenal Mendoza - Catedral de Sigüenza

Qué duda cabe que la hipótesis es hermosa altamente sugerente. Ciertamente no sería pequeña gloria para la Catedral de Sigüenza poseer el único monumento erigido al Descubrimiento de América en los cuatro siglos subsiguientes a la conquista y evangelización del nuevo mundo. También aquí cabía aplicar el dicho italiano de que «se non é vero, é bene trovato». Sin embargo los hechos son los hechos y las teorías son las teorías. El amor a la Catedral a su ciudad natal lleva a Villamil, cuyos méritos por otra parte son indiscutibles, a afirmaciones ajenas a la realidad.

Verdadera interpretación iconográfica
Como han demostrado en los últimos años D. Aurelio de Federico el cronista provincial Antonio Herrera Casado, la explicación es mucho más sencilla: si en los tableros laterales está esculpido el escudo de armas del Cardenal Mendoza, en los tres centrales se alude a los títulos cardenalicios del personaje. La Virgen sobre una navecilla del tablero central alude, sin duda, a la basílica romana de Santa María in Dominica, situada en lo más alto del monte Celio, frente a la originalísima iglesia octogonal de Santo Stefano in Rotondo, de la que fue titular, Don Pedro González de Mendoza. Se le conoce también como Santa María in Navicella por la navecilla de mármol situada en el centro de la plaza que da nombre popular a la misma. La actual fue mandada cincelar por el Papa León X en 1513 y es copia de una anterior de época romana.

La figura femenina situada a su derecha no es la Reina Isabel, sino Santa Elena, madre del Emperador Constantino, tan ligada a la invención de la Santa Cruz, que originariamente llevaba en su mano derecha y de la que hoy sólo que da un vestigio asido en el puño. La imagen alude a otro de los templos romanos de los que Mendoza fue también titular: la basílica de la Santa Cruz in Jerusalem, situada entre San Juan de Letrán y el Cementerio de Campo Verano. Justamente a la entrada de esta basílica, en su nave izquierda, se encuentra una gran placa en la que se relacionan cronológicamente los cardenales titulares de la misma. Con el número 20 figura el Cardenal Mendoza, siguiéndole inmediatamente D. Bernardino López Carvajal, el prelado seguntino mecenas del claustro catedralicio.

Púlpito Cardenal Mendoza - Catedral de SigüenzaLa efigie del guerrero que pisa un dragón del tablero izquierdo, tan frecuente en la iconografía cristiana de todas las épocas, se refiere inequívocamente a San Jorge y a su iglesia romana de San Giorgio in Velabro, preciosa iglesia románica con airoso campanil, situado cerca de los Foros Imperiales. Parece segura también la vinculación de nuestro Cardenal con este templo.
Como asegura Herrera Casado, estos mismos temas, con la misma distribución, figuran en el púlpito gótico del Evangelio de la Catedral del Burgo de Osma, de cuya Diócesis fue administrador el Cardenal entre los años 1478 y 1483. El púlpito seguntino no es, pues, una evocación en alabastro, de gran hermosura y mérito artístico por cierto, de la epopeya de Colón y de la decisiva intervención de los Reyes Católicos en la gesta, sino el testimonio de los honores y dignidades eclesiásticas del que fue considerado como el tercer rey de España.

Es verdad que con esta interpretación historicista, que bien nos gustaría que no fuera la única posible y verdadera, perece el idealismo, la poesía y la leyenda, especialmente en este año mítico de 1992 en el que el púlpito seguntino hubiera brillado como monumento excepcional al descubrimiento de América. El rigor, sin embargo, y la fidelidad a la verdad histórica deben prevalecer sobre cualquier otra conjetura por más que se nos antoje bella y sugestiva.